India

“Este mundo, el mismo para todos los seres, no lo ha creado ninguno de los dioses ni de los hombres, sino que siempre fue, es y será fuego eternamente vivo, que se enciende según medida y se apaga según medida.” Heráclito de Éfeso. Fr. 30

Heráclito de Éfeso, filósofo griego del S. VI a. de C., afirmaba que el fuego era el primer elemento, el origen de todas las cosas; todo sale del fuego y a él todo retorna. Hablaba de la lucha de contrarios, y de que todo se genera y se transforma pasando de una cosa a la contraria. Cada par de opuestos es una pluralidad y, a la vez, una unidad que depende de la reacción equilibrada entre ambos: la lucha entre el fuego y el agua en su equilibrio generan la armonía. Cuando pienso en India y sus ritos ancestrales, es también como yo lo veo, como lo interpreto, y lo que me sugiere el lema con el que india se proyecta internacionalmente: “incredible India

India es un país enorme y maravilloso que ha sabido mantener su identidad. Viajar a India es algo más que viajar en el espacio, lo es también en el tiempo. Ningún otro país ha cuidado su legado y sus tradiciones con tanta pureza y fervor, y esto ha hecho que aún hoy en día podamos disfrutar de su vasta riqueza cultural tal y como pudieron hacerlo las gentes de hace cientos de años. Es como si el tiempo se hubiese detenido. Hay escenas cotidianas que bien pudieran haberse captado en los comienzos de su civilización, en nada se diferencian.

Un viaje a India es un constante devenir de experiencias vitales que te hacen progresar como persona. Una lección de humildad, un aprendizaje de valores que muchas veces guardamos en el olvido. De todos los países que he visitado, sin duda es este el que ocupa el lugar más especial en mi corazón.

Su forma de vida, tan diferente a la occidental, marcada por las religiones que profesan, hace que se alejen del materialismo y que busquen la felicidad más en su interior que en el mundo de fuera, lo que se refleja de manera fundamental en la pureza de sus miradas.

India hace explotar cada uno de los cinco sentidos. Es un lugar de excesos estéticos, de una belleza que hechiza. En India los olores son diferentes, llenos de vida, a especias o a incienso; los colores son diferentes, intensos y vivaces; los sonidos son diferentes, los mantras de los rezos, la incesante sonoridad de las ciudades; los sabores son diferentes, a cúrcuma, curri, canela…; el tacto es diferente, las finas sedas, el frío mármol… Un océano de sensaciones que se agolpan a cada paso y que apenas es capaz de digerir una sola fotografía.

El encanto y mística de India se conjuga en la diversidad etnica que ofrece. Una comunión espiritual entre hombre y naturaleza que se plasma en su relación con los dioses, los ríos, en sus ritos, sus vestidos, o en el rictus de sus rostros… Un delirio estético que se proyecta ante nuestras miradas. Plagiando a Cartier Bresson: “alinea la mente, la mirada y dispara con el corazón”






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